Principado de Lom del Ort
4/07/2003
Hoy es lunes. Me levanté con el usual dolor de cabeza que me causan las motos lomortenses y los vasos y vidrios rotos que tengo que levantar caidos por las vibraciones, 8,3 puntos en la escala Richter.
No me mejora el humor darme cuenta de que al levantarme en patas y muy distraído aplasté a Carolina, la cucaracha que todas las noches se ocupaba de comerse las miguitas de alfajor que suelen caer al lado de mi cama, que no es una cama, sino un simple colchón en el piso, del que me suelo caer seguido. Carolina venía zafando de mis caídas, y veía morir aplastadas a sus parientitas, lo que la alegraba, porque heredaba muchas miguitas. Pobre Carolina, voy a tener que buscarme otra amiguita nocturna.
Por suerte, todavía no cortaron el agua, como suele pasar un par de veces por semana (será para ahorrar arsénico que está caro) y me puedo lavar los restos de Carolina de entre los dedos de la pata derecha.
Después de comprobar que sigo sin tener heladera, leche, o café para desayunar, salgo a la maravillosa mañanita lomortense, dandome un terrible golpe en la vereda, al patinarme con sospechosas cáscaras frutales que han caido de las bolsas de basura que las jaurías nocturnas se ocuparon de destruir prolijamente.
Así que ya un poquito machucado, y silbando bajito p'a no hacer demasiado ruido y evitar que alguno que quedó de la noche me choree, me dirijo alegremente a mi trabajo.
Una mañanita más en Lom del Ort.
